La dicha de Dios
Gratitud
Vivimos sintiendo que algo falta. Siempre hay una carencia que cubrir, un vacío que llenar, una meta que alcanzar.
Y sin embargo… esa falta es el regalo.
Comprender que la carencia es gracia, es un entendimiento mayor. Porque es la necesidad lo que nos mueve, la que nos despierta, la que nos hace buscar.
Imagino a Dios en su eternidad absoluta, teniéndolo todo, sabiéndolo todo, habitándolo todo. ¿No podría ser, incluso, una forma de soledad infinita?. Recibir plegarias sin descanso, sostener el equilibrio entre el bien y el libre albedrío,observar el fluir del tiempo sin habitarlo…es una eternidad sin sorpresa.
¿Te imaginás siendo inmortal? ¿Qué sentido tendría levantarse cada día sin necesidad de cubrir nada, sin metas por cumplir, si todo fuera eterno y nada tuviera fin?. Por eso bendecidos somos nosotros, los que podemos morir. Porque morir le da sentido a vivir.
La finitud es lo que vuelve sagrado cada instante. El infinito se afina en la experiencia: en el recuerdo, en la lágrima, en el abrazo.
Dios nos regala la dicha de lo pasajero para que cada día tenga propósito.Si todo fuera eterno, nada sería urgente, nada sería precioso.
¿Y cuánto de nuestra experiencia quisiera Él sentir?
Tal vez lo hace. Fractalizándose en cada uno de nosotros. Viviendo la creación desde adentro. Respirando en nuestra respiración. Amando en nuestro amor.
El secreto es encontrar esa dicha divina dentro de nosotros y volvernos Uno.
Cada historia es un fragmento del Todo. Recordar es comprender que lo eterno habita la finitud. Que lo infinito elige experimentarse en lo limitado. Y cuando llegue el día final, no será un cierre, sino una reunificación.
Volveremos a la totalidad no como ignorantes del misterio, sino como quienes lo han vivido.
El que tiene oídos para oír, que oiga- Mateo 13:9
¿Te imaginás siendo inmortal?
Conversarlo en la mesa →Publicada el 28 de septiembre de 2026. Si esta nota se edita, va a decirlo acá.