El Recordar15 de 22
Capítulo 15 · 3 min

En búsqueda del propósito

La vida transcurre como un carrusel de imágenes y sentidos que giran al compás invisible del tiempo. El tic tac de los días se acelera con los años, y en medio de ese vértigo, una voz antigua susurra, ¿para qué he venido?

El ser humano busca su propósito como quien persigue una estrella lejana, olvidando que la luz que guía ya arde dentro de sí. La razón -navaja brillante- intenta diseccionar el misterio, pero solo logra fragmentar lo que el alma percibe como unidad.

En el cristianismo, el propósito se revela en el servir, “no he venido a ser servido, sino a servir” dicen las parábolas de Jesús. En el budismo, se disuelve en la compasión del Noble Camino Medio, donde cada acto consciente es ya realización. En el taoísmo, se oculta en el Wu Wei, la acción sin esfuerzo, donde el propósito no se busca, se deja fluir. En la Cábala, el alma desciende para reparar, para devolver la chispa divina a su fuente. Y en el Kybalion, la mente es creadora, el universo entero responde al pensamiento que sabe lo que es.

El propósito no es un punto de llegada, sino la danza misma de existir en sintonía con el Todo. Buscarlo como meta es convertir el camino en desierto; descubrirlo como presencia es volver fértil el instante.

Cuando el caminante comprende que él es el camino, ya no se mueve hacia algo; el mundo se mueve con él. La realidad deja de ser paisaje para volverse espejo; la experiencia se revela como proyección del alma, que crea y recrea su universo según la frecuencia de su mirada.

Reconocer al prójimo como otro yo en distinta vibración es comprender que dañar al otro es herirse a sí mismo, y que cada acto -por pequeño que parezca- es una ofrenda o una herida al Todo que habitamos.

Así, el propósito no se busca: se recuerda. Y quien recuerda, despierta. Porque vivir con propósito no es hacer, sino ser siendo: “Un instante eterno donde el alma se reconoce como parte del Uno.”

El camino que camina

No busques tu destino en los mapas,
ni en las huellas de los sabios,
ni en los templos del tiempo.
El propósito no se alcanza,
te alcanza a ti cuando callas.

Cuando el viento te atraviesa sin nombre,
y el silencio florece sin pedir permiso,
ahí estás cumpliendo tu destino.

No eres quien camina,
es el camino quien te sueña.
No eres quien busca,
es el universo quien se recuerda en ti.

Si miras con ojos del alma,
verás que todo respira contigo,
el árbol, la piedra, el hermano y el cielo.
Y si das amor,
es Dios quien ama a través de tus manos.

El propósito no es un verbo,
es un latido.
No está en el futuro,
está aquí,
donde el Todo y tú
se confunden en un mismo respiro.

· · ·